La subsecretaria de Turismo bonaerense lo dijo sin rodeos: es el peor invierno desde el Covid. En La Plata, el diagnóstico se cruza con el bolsillo golpeado y una salida a Mar del Plata que dejó de ser tradición.
Se terminaron las vacaciones de invierno y los números confirman lo que ya venía anticipándose en cada mostrador comercial y en cada terminal de ómnibus: la Provincia de Buenos Aires vivió el peor invierno turístico desde la pandemia. Así lo confirmó la subsecretaria de Turismo bonaerense, Soledad Martínez, con datos que dejan poco margen para la interpretación: 753.000 turistas recorrieron la Provincia entre el 20 de julio y el 3 de agosto, un 11,7% menos que en 2025 y un 22,4% menos que en 2023.
El impacto económico cayó en la misma dirección: apenas $305 mil millones, un 10,9% por debajo del año pasado y 26% menor en relación al último invierno prepandemia. La contracara del cuadro nacional que difundió la CAME —donde el total del país registró un leve rebote— es clara: la Provincia tiró para abajo el promedio.
Si el segundo semestre no trae una recomposición salarial fuerte —difícil en un contexto de ajuste sostenido—, el verano bonaerense va camino a un escenario todavía más ajustado. La Provincia va a necesitar políticas activas de promoción, precios accesibles y coordinación con municipios para retener al menos parte del turismo interno. Para las familias platenses, la ecuación es simple: si no hay margen, no hay viaje. Y si no hay viaje, hay comercio local que se resiente. La cadena, otra vez, se cierra sobre sí misma. El invierno turístico bonaerense termina siendo la foto más clara del ajuste real sobre el bolsillo cotidiano.
El contraste con el balance nacional es la parte más incómoda del informe. Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), en todo el país se movilizaron 4,6 millones de personas, que gastaron $2,12 billones —un 5,9% más de turistas y 2,5% más de impacto económico que en 2025—. Buena parte del rebote se explicó por 400.000 extranjeros, sobre todo brasileños, aprovechando el tipo de cambio.
En Buenos Aires, en cambio, no hubo turismo receptivo internacional fuerte ni movimiento interno suficiente para sostener la vara. Los destinos tradicionales de escapada —Mar del Plata, Sierra de la Ventana, Tandil, San Antonio de Areco, Villa Gesell— sintieron el ajuste en la ocupación hotelera, la duración de las estadías y el ticket promedio.
El diagnóstico oficial identifica una combinación de factores que se cruzan:
En La Plata, capital administrativa y ciudad universitaria, el freno se sintió doble. Los platenses que viajan durante el receso —muchos empleados públicos con hijos en edad escolar— redujeron gastos o directamente cambiaron el destino por opciones más baratas y cercanas. Y las escapadas de fin de semana hacia el conurbano turístico platense (Punta Indio, Magdalena, la costa cercana) no lograron compensar la caída general.
El impacto no queda en las estadísticas turísticas. En destinos bonaerenses tradicionalmente fuertes en invierno, los prestadores hoteleros reportaron ocupaciones por debajo del 60% en semana pico, cuando históricamente se acercaban al 80-85%. La gastronomía marcó menor consumo, mesas más cortas y tickets más bajos. Los comercios de indumentaria, souvenirs y productos regionales cerraron el balance en rojo.
Para los operadores turísticos platenses —agencias, transporte terrestre, guías, prestadores de excursiones cercanas—, el invierno confirmó una tendencia que venía desde 2024: el consumo turístico es una de las primeras variables que ajusta la familia argentina cuando el bolsillo aprieta.
El dato turístico funciona como un termómetro social preciso. Cuando la vara sube, indica confianza y recomposición del ingreso; cuando baja, muestra que las familias están priorizando lo esencial. Que Buenos Aires haya caído mientras el país rebotaba deja un mensaje complejo para el peronismo bonaerense: la Provincia no logró aprovechar el envión turístico general.
Desde la gestión de Axel Kicillof apuntan a factores estructurales: el ajuste nacional, la caída del poder adquisitivo, el atraso salarial estatal y la falta de inversión en rutas provinciales por el conflicto de fondos con Nación. Desde la oposición libertaria y del PRO, en cambio, reclaman políticas activas de promoción turística, mejora del sistema vial y menor presión impositiva sobre el sector.
En el medio, los prestadores turísticos bonaerenses cierran la temporada con caja floja y expectativa mínima para lo que viene: un verano 2026-2027 que se anticipa con más restricción presupuestaria familiar y una competencia dura de destinos internacionales baratos —Brasil, Chile— con dólar favorable.
