Los números
El balance general
- El comportamiento del verano fue muy heterogéneo pero dinámico. Los destinos que combinaron naturaleza, eventos y agenda cultural lograron altos niveles de ocupación, mientras que otras plazas mostraron desempeños más moderados y sensibles al clima y al calendario.
- La temporada se organizó por “picos” más que por anticipación: fines de semana, festivales, carnavales y competencias deportivas actuaron como activadores concretos del viaje, acelerando reservas y elevando ocupación incluso en destinos que habían comenzado con registros bajos.
- Se consolidó un nuevo perfil de turista: decidió con poca antelación, priorizó experiencias específicas y ajustó la duración de su estadía. La permanencia promedio se mantuvo en torno a 3-4 noches en destinos consolidados y fue más corta en plazas de paso o escapadas regionales.
- El gasto fue selectivo pero significativo: el consumo se concentró en productos y experiencias de alto valor agregado (excursiones, gastronomía, eventos), mientras que se moderaron consumos accesorios. Donde el producto turístico estuvo bien diferenciado, el impacto económico fue contundente.
- Eventos + cultura + deporte fueron la fórmula más efectiva para sostener el movimiento turístico. Las fiestas populares, festivales, torneos y propuestas gastronómicas funcionaron como motores claros de demanda y permitieron sostener actividad incluso en contextos de mayor prudencia en el gasto.
- Entre los problemas del sector, este año aparecieron la rentabilidad ajustada, la competencia informal y la dependencia del clima y la agenda, factores que le dieron volatilidad a la temporada y obligaron a una planificación más flexible por parte de prestadores y destinos.
Los destinos más visitados
Provincia de Buenos Aires. La costa atlántica volvió a concentrar el mayor volumen de turismo del país, con Mar del Plata y Pinamar entre los destinos más elegidos, y una temporada que, en líneas generales, fue de menor a mayor. Tuvo con el Carnaval uno de los picos más altos del verano. El movimiento turístico se sostuvo, aunque con un visitante más cauteloso y un consumo contenido, priorizando alternativas más accesibles.
Villa Gesell, Cariló, Necochea, San Bernardo, Mar de las Pampas, Monte Hermoso, mantuvieron buenos niveles de ocupación, especialmente en fines de semana y fechas clave, como fue el Carnaval.
En Mar del Plata, el feriado de Carnaval fue uno de los puntos más altos del verano, con ocupación superior al 80% y hoteles que alcanzaron el 90%, aunque el consumo promedio se mostró más contenido que en temporadas anteriores, con turistas que cuidaron su presupuesto.
En el interior bonaerense y el turismo de cercanía se destacaron Tandil, con su perfil serrano-gastronómico; Tigre, con escapadas náuticas y recreativas en el Delta; y Chascomús, que registró 78% de ocupación los fines de semana y 38% entre semana, con estadías promedio de 3 noches y fuerte presencia de excursionistas. Allí, el Carnaval Infantil convocó a unas 35.000 personas durante cuatro jornadas. San Pedro y San Antonio de Areco, vinculadas al turismo rural y cultural, también tuvieron buenos momentos en el verano, lo mismo que Sierra de la Ventana, que mantuvo buena afluencia en su circuito de naturaleza y trekking.
Localidades ribereñas como San Nicolás de los Arroyos y destinos de laguna como Junín recibieron visitas constantes todo el verano, consolidando el peso del turismo de cercanía en todo el territorio bonaerense. El producto termal también tuvo movimiento sostenido en Termas del Salado y Carhué, destinos que combinaron bienestar y escapadas cortas.
