Por: Dra. Cecilia Roma
La ansiedad es una respuesta emocional ante una situación amenazante o peligrosa, real o no. Su finalidad es la protección del sujeto, es decir, es una conducta adaptativa al ambiente. Sin embargo, es importante recordar que no son los hechos en sí mismos sino la percepción e interpretación de los hechos lo que perturba a las personas.
La ansiedad infantil se produce cuando el menor enfrenta situaciones estresantes y desagradables durante sus primeros años, en la infancia. Suelen padecer preocupaciones y miedos intensos que derivan en episodios de angustia y tensión sostenida.
Es importante diferenciar los típicos miedos durante la infancia:
Desde el nacimiento hacia los 6 meses se teme a la pérdida de contacto físico con la madre o figura de apego y también posiblemente a los ruidos intensos;
Desde los 7 meses a los 12 el miedo es a personas desconocidas;
Entre el año y los 5 años se destacan los miedos a los ruidos fuertes, animales y oscuridad;
Entre los 3 y los 5, puede haber miedo a los fantasmas y los monstruos;
De los 6 a los 12 años pueden manifestarse miedos a los daños físicos, al castigo o no rendir bien en la escuela;
Y por último, entre los 12 y los 18 años se le teme a los exámenes, al no pertenecer a grupos o pasar vergüenza (Bunge, et al., 2008).
También es importante tener en cuenta que entre los 8 y los 10 años se destacan la ansiedad por separación, fobia específica, la fobia escolar y ansiedad excesiva infantil.
Lang propuso en 1968, el modelo tridimensional de la ansiedad, el cual postula que se pueden manifestar al mismo tiempo tres tipos de respuestas:
Síntomas conductuales, tales como la evitación o la inquietud;
Respuestas cognitivas como ideas catastróficas o sentimiento de minusvalía;
Respuestas fisiológicas como taquicardia, sensación de ahogo o náuseas.
Recordemos que la ansiedad es un mecanismo adaptativo y por esto no toda ansiedad es patológica. Aquí hacemos referencia a una manifestación desproporcionada ante el estímulo.
El modelo cognitivo de la ansiedad propuesto por Beck, Emery y Greenberg (1985) sostiene que la misma es resultado del nivel en que:
se sobrestima la amenaza y el coste que le asigna el niño
se subestima la persona a sí misma, es decir la propia capacidad de afrontar el objeto temido y las posibilidades de ayuda
Según Bunge et al. (2008), estas conductas y formas de procesar la información impiden que se desconfirmen las creencias catastróficas.
En base al modelo cognitivo de Aaron Beck, el tratamiento implica considerar intervenciones para el logro de:
Eliminar o reducir las interpretaciones erróneas.
Cuestionar los pensamientos irracionales.
Diseñar un método para observar el mundo con otros anteojos, de forma adaptativa.
Entrenar en la práctica de técnicas de respiración controlada y de relajación.
Por otro lado, John Dacey (2008) propuso el método COPE inspirado en tareas propias de la terapia cognitiva.
C: Calmar el sistema nervioso.
O: Originar un plan imaginativo.
P: Persistir en el afrontamiento de obstáculos y fracasos.
E: Evaluar y ajustar el plan.
Casi el 90% de los niños con ansiedad que aprenden estrategias de afrontamiento pueden mejorar.
El método propone diversas tareas sobre cada una de estas etapas. Para profundizar acerca de este método se sugiere consultar el libro “El niño ansioso”, de Dacey y Fiore (2008).
Dra. Cecilia Roma
MP-048845 PBA
