a muerte de Isabella, la niña de dos años que falleció mientras estaba al cuidado de su madre, Lucía Sosa, volvió a colocar bajo la lupa judicial los antecedentes de una mujer que ya había sido investigada, y absuelta en 2018, por la muerte de otras dos hijas. El caso reavivó la discusión sobre un trastorno poco conocido fuera de los ámbitos clínicos y forenses: el Síndrome de Munchausen por Poder, técnicamente denominado Trastorno Facticio Aplicado a Otro, en el que un adulto provoca o induce síntomas de enfermedad en un menor a su cargo. El psicólogo Alexis Alderete (MP 85367) explicó en detalle cuáles son los indicadores que permiten a los especialistas sospechar que un episodio médico no responde a una sucesión de hechos desafortunados, sino que forma parte de una dinámica estructurada de daño.
El patrón que separa el infortunio del delito
«Lo que separa un infortunio médico recurrente de un Trastorno Facticio Aplicado a Otro o una dinámica de maltrato o infanticidio reside en la aparición de patrones relacionales e indicadores clínicos muy específicos», señaló Alderete. El especialista identificó como señal primaria la repetición de episodios graves cuando el niño se encuentra exclusivamente con el mismo adulto, y su desaparición o modificación cuando intervienen terceros. «Los eventos críticos ocurren exclusivamente cuando el progenitor está a solas con el menor. Nunca se desencadenan en presencia del equipo médico, enfermeros o terceros neutrales durante las internaciones», precisó.
A ese indicador se suma la incongruencia entre el relato del adulto y la evidencia médica acumulada: «Explicaciones que cambian o son poco creíbles sobre cómo ocurrió el evento; por ejemplo, justificar sofocaciones reiteradas bajo pretextos como que ‘el aire era tóxico'». Alderete también apuntó como alerta la desconexión emocional del progenitor ante situaciones de extrema gravedad: «Una extraña calma ante cuadros críticos, o un discurso enfocado en la atención recibida por parte del personal más que en el sufrimiento físico del hijo».
El fenómeno de la «habitación vacía»
Uno de los conceptos más precisos que desarrolló el especialista es el que denominó el fenómeno de la «habitación vacía», que describe la aparición de cuadros graves únicamente cuando el adulto tiene acceso exclusivo al niño. «Los episodios graves, apneas, sofocaciones, convulsiones, descompensaciones, suceden bajo la regla del testigo único. Cuando el niño es ingresado a observación y separado preventivamente del progenitor, o custodiado permanentemente por enfermería, el cuadro se estabiliza de forma drástica», describió.
A eso se agrega lo que Alderete definió como un «quiebre del principio de causalidad biológica»: cuadros raros, cambiantes o refractarios a todo tratamiento convencional, cuya sintomatología no responde a ninguna ley conocida de la anatomía o la fisiopatología, pero que encaja perfectamente con los tiempos de acceso a solas que tiene el adulto con el niño. Cuando estos elementos convergen, señaló el psicólogo, la alarma deja de ser una sospecha difusa y se convierte en una hipótesis de trabajo firme.
Los antecedentes como construcción de un perfil, no como suma de episodios
En el caso de Isabella, uno de los elementos que adquirió especial relevancia es la existencia de antecedentes judiciales de Lucía Sosa por las muertes de sus otras dos hijas, Candela (cinco meses, fallecida en 2013) y Jazmín (once meses, fallecida en 2016), aunque el Tribunal la absolvió en 2018. Alderete remarcó que el historial de una persona no puede analizarse como una simple sumatoria de hechos del pasado. «En la investigación psicológica forense, el historial no se evalúa como una sumatoria de hechos del pasado, sino como la construcción del perfil vincular y la probabilidad de repetición del patrón. Lo que se busca es cómo, ante las mismas situaciones, hay una conducta esperable de reacción: misma situación disparadora, igual reacción conductual», explicó.
En ese análisis, el especialista mencionó la denominada «autopsia psicológica del vínculo», una herramienta forense que permite reconstruir la manera en que un adulto ejercía la función parental. «La existencia de múltiples admisiones hospitalarias, diagnósticos contradictorios y desenlaces trágicos en lactantes anteriores rompe la premisa de la ‘muerte súbita aislada'», sostuvo. Alderete subrayó también que los testimonios de hijos mayores o familiares, como el que brindó Lucas Ruiz (17 años) ante la Fiscalía General de Mar del Plata el pasado miércoles, «adquieren una dimensión probatoria fundamental cuando coinciden con la mecánica detectada en las autopsias».
La advertencia contra el sesgo de confirmación
El especialista advirtió sobre dos errores opuestos pero igualmente graves que pueden cometerse en este tipo de investigaciones. El primero: «no ver el peligro real por la presuposición del ‘amor maternal'». El segundo: el sesgo de confirmación o sesgo retrospectivo, que consiste en leer absolutamente todo el historial de una persona a través del prisma del trastorno o del delito, «transformando cualquier caída, fiebre o llanto pasado en una prueba de maltrato».
La evaluación forense, aclaró Alderete, debe distinguir con precisión entre una señal de alarma, una hipótesis clínica y una conclusión judicial. Se trata, en definitiva, de evitar tanto la omisión de situaciones de riesgo real como la interpretación retrospectiva de cualquier episodio médico como evidencia de maltrato. Esa distinción no es solo técnica: define si una persona inocente es condenada o si un niño en riesgo queda desprotegido.
Puntos clave
El psicólogo Alexis Alderete identificó como señal clave la aparición de episodios graves únicamente cuando el niño está a solas con el adulto sospechoso.
El Trastorno Facticio Aplicado a Otro (Munchausen por Poder) se caracteriza por síntomas que desaparecen cuando el menor es separado del progenitor.
La incongruencia entre el relato del adulto y la evidencia médica, y la desconexión emocional ante situaciones críticas, son indicadores forenses centrales.
El historial de casos previos no se analiza como una suma de episodios, sino como la construcción de un perfil vincular y la probabilidad de repetición del patrón.