La suspensión del Enduro de Invierno dejó mucho más que un casillero vacío en el calendario de eventos de Mar del Plata. También expuso una diferencia de criterios entre la gestión de Guillermo Montenegro y la conducción interina de Agustín Neme. Mientras el primero convirtió este tipo de espectáculos en una de las banderas de su política turística, el segundo optó por bajar el pulgar cuando llegó el momento de poner los números sobre la mesa.
Y es justamente ahí donde aparece la discusión de fondo. Durante años se presentó al Enduro como un gran evento privado capaz de posicionar a la ciudad y generar movimiento económico. Sin embargo, los números que comenzaron a circular muestran otra realidad: para concretar una nueva edición se necesitaban cerca de $1.200 millones y alrededor de $700 millones debían salir de las arcas municipales. La pregunta surge sola: ¿cuán privado es un evento que depende en más de la mitad de su presupuesto del aporte estatal?
La decisión de Neme parece alinearse con una lógica más cercana al "no hay plata" que pregona el gobierno nacional. En vez de destinar millones a un espectáculo organizado por privados, la administración interina eligió priorizar otros gastos municipales.
La determinación, además, deja expuesta una contradicción que hasta ahora había pasado desapercibida: detrás del discurso de la inversión privada y la promoción turística, el Municipio terminaba aportando una parte sustancial de los recursos.
Claro que el debate no es lineal. Los defensores del Enduro recuerdan que la edición 2024 convocó a más de 315 mil personas y generó una fuerte repercusión mediática para Mar del Plata. La discusión, entonces, ya no pasa por si el evento atrae público o no, sino por quién debe pagar la cuenta.