Con la muerte del Indio Solari se cierra uno de los capítulos más importantes de la historia del rock argentino. Pero para Villa Gesell, su nombre no remite solamente a los grandes estadios, a las multitudes o a las canciones que marcaron generaciones. También remite a una época en la que Los Redonditos de Ricota eran una banda emergente que encontró en esta ciudad un lugar donde crecer, experimentar y construir su identidad.
Durante fines de los años 70 y buena parte de los 80, Villa Gesell era uno de los principales refugios culturales de la costa atlántica. Artistas, músicos, actores, escritores y jóvenes de la contracultura convivían en una ciudad que ofrecía algo difícil de encontrar en otros lugares: libertad.
Fue en ese contexto donde Los Redondos encontraron un público afín a su propuesta cuando todavía estaban lejos de convertirse en un fenómeno masivo.
Los recitales que la banda realizó en Gesell forman parte de la memoria cultural local. Eran tiempos en los que no existían las interminables caravanas ricoteras ni los estadios repletos. Los shows ocurrían en espacios pequeños, con una cercanía entre músicos y público que hoy parece imposible de imaginar.
Entre esos recuerdos sobresale especialmente la presentación de febrero de 1988 en el mítico pub Massachusetts, ubicado en la esquina de Avenida 3 y Paseo 114. Aquella noche quedó grabada de manera informal y con el paso de los años se transformó en una pieza de culto para los seguidores de la banda, un testimonio de la etapa en que Los Redondos todavía pertenecían a un circuito alternativo.
Pero la relación entre Villa Gesell y Los Redondos va más allá de un recital o una fecha puntual.
Gesell fue parte del ecosistema cultural que ayudó a moldear la identidad de la banda. Aquí encontraron una escena artística abierta, lejos de las reglas de la industria musical y cerca de un público que valoraba precisamente aquello que hacía diferentes a Los Redondos: su independencia, su búsqueda estética y su resistencia a los formatos tradicionales.
Mucho antes de convertirse en una figura mítica para millones de argentinos, el Indio Solari fue uno más entre los artistas que encontraban en Villa Gesell un espacio de encuentro y expresión.
Por eso, al conocerse la noticia de su fallecimiento, Villa Gesell no recuerda solamente a una estrella del rock nacional. Recuerda también a una parte de su propia historia cultural.
Porque antes de los estadios, antes de las multitudes y antes de la leyenda, hubo noches de verano, escenarios pequeños y una ciudad que abrió sus puertas a una banda que terminaría cambiando para siempre la historia del rock argentino.
