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  • El narcotráfico bajo la lupa

    Juan Manuel Cadena

    Analista y consultor de seguridad. Especialista en narcotráfico. Lic. en Seguridad privada y diplomado en seguridad pública
La Narco Criminalidad:
El narcotráfico, una epidemia en continua evolución, que infectó nuestras calles e HIPOTECA nuestro FUTURO, está íntimamente relacionada con la comisión del delito y mucho más aun, con el delito violento.  
Desde hace tiempo, la opinión pública geselina se siente movilizada por la visibilización del avance del narcotráfico y el crecimiento exponencial del narcomenudeo, esto se dá en la misma línea que en toda la provincia de Buenos Aires, en Villa Gesell se dió a luz a raíz del descubrimiento de bandas de crimen organizado, asesinatos con tinte narco, la pelea entre grupos criminales, la lucha de territorios, la explotación de los pobres en el comercio, la utilización perversa de menores haciéndolos  soldaditos  para  vender   su  droga,   prostituirse  y   salir  de  caño; el desafío y la superioridad de la criminalidad sobre las fuerzas del Estado es un dato no que escapa a la vista. 
Hoy no es posible ubicarlo sólo en un contexto local si se quiere entender de raíz esta problemática, el impacto que genera y su incidencia sobre el futuro.  
En la actualidad es la actividad más rentable de la delincuencia organizada y uno de los problemas más desafiantes en el ámbito internacional y nacional dada su gran capacidad financiera y operativa. No respeta límites ni fronteras como una cadena delictiva multifacética, en la que participan productores, procesadores, transportistas y distribuidores, a la vez que sus actividades se han diversificado a otras esferas delictivas como el lavado de dinero, el secuestro y que ha corrompido el poder político, judicial y a los actores de la de la seguridad pública. Existe una tendencia a caer en simplificaciones de la realidad que enmascaran y postergan la urgencia de un debate profundo acerca de la inacción del Estado en la instrumentación de una política de seguridad integral, eficiente, eficaz y sustentable en el tiempo.
La narcocriminalidad es un negocio redondo que atraviesa lo social, hay grupos o personas más endebles por edades, familias disfuncionales, un elevado índice de vulnerabilidad social, situaciones de amplia desorganización social, así como ese elevado porcentaje de nuestra Juventud en riesgo, y así empiezan a conectarse con el uso de sustancias; la oferta impune de drogas con multitud de “dealers” o “punteros” en todos los barrios, desde una “villa” hasta los más selectos “barrios”. La industria de las drogas opera desde la planificación territorial con un amplio dominio de todos los territorios.
Nos han instaurado una idea errónea respecto al tema narcotráfico y consumo de drogas ilegales, “Argentina es un país de tránsito” esta es una falacia lamentablemente bien alimentada por los medios informativos y acrecentada en la opinión pública, si bien es real que muchas organizaciones narcos utilizan nuestro país como puente de circulación para enviar la droga a Europa y EEUU, el mercado local sufrió un crecimiento exponencial del consumo, la oferta y la demanda, un aumento paulatino de los laboratorios encargados de la elaboración-refinamiento de la cocaína en el país, cada vez se decomisan mayores niveles de pasta base, materia prima de la cocaína. Y así se verifica la escalada del consumo de paco. Esta droga consumida sobre todo por los jóvenes marginales que más que una droga en particular, es una forma barata de consumir basura que induce al delito y mata. Contiene más solventes y deshechos tóxicos que alucinógenos creando adicción inmediata, su efecto tóxico produce un mayor daño cerebral y, como su efecto tiene menor duración en el tiempo, induce a reiterar su consumo en un espiral devastador. El paco destruye rápidamente el cerebro de los jóvenes adictos muchos de los cuales son movilizados a delinquir para mantener su adicción. El paco es la resaca que queda en el "fondo de la olla” de las cocinas de cocaína cortado con todo tipo de solventes, vidrio molido, raticidas y demás elementos altamente nocivos para la salud, con el doble efecto devastador en daño generado a consumidores y terceros afectados por ellos.
En la costa atlántica nos enfrentamos a una nueva amenaza, la de las drogas de síntesis que son otro indicador en continuo incremento en Argentina facilitado por ser un país que posee una industria química de avanzada y es principal productor de precursores químicos que luego son utilizados para sintetizar distintas drogas, entre ellas la cocaína.
La modalidad en el consumo de la utilización de medicamentos genéricos, de la familia de los depresores del sistema nervioso, que al ser combinados con el alcohol rompen las barreras inhibitorias, potenciando la violencia sin entender medios y fines, dejando latente la posibilidad de que un joven delincuente dispare para robar un celular.
El informe de Naciones Unidas del 2010 (UNDOC) sobre tendencias de Consumo establece que Argentina es el principal consumidor de cocaína per cápita en toda América. 
También somos el mayor consumidor de marihuana per cápita con el 7,2% de la población adulta consumidora, de los cuales el 27,5% son dependientes. 
También marca que entre jóvenes en edad escolar el consumo de la pasta base o paco creció en diez años de la casi inexistencia a poco más del 1% y el éxtasis del 0,2% al 2,2% con más de 1.000% de incremento.
Nuestro país es ya un país de producción, Argentina elabora los precursores químicos necesarios para la síntesis de muchas de las drogas ilegales y tenemos instalados laboratorios de gran envergadura. Si bien muchas compañías dividen la producción en distintos países, las últimas etapas de este letal negocio trasnacional hoy también ocurren entre nosotros. Pasamos de importar menos de una tonelada anual de efedrina para la producción de descongestivos en 2004 a más de 25 en 2007 toneladas (según UNDOC, cinco veces la cantidad utilizada por toda la industria farmacéutica en los Estados Unidos, 30 veces más que Italia y 80 veces más que Chile). Lógicamente nada de esto sería posible sin convivencia política y de las autoridades que hacen la vista gorda, mayormente por beneficios propios, no debemos seguir siendo ingenuos ni demagógicos. Las drogas ilegales tanto en su faz de crimen organizado como en su consumo sólo dejan un legado de muerte y destrucción. Mirar para otro lado, descalificar el problema o devaluar su envergadura sólo nos va a hacer profundizar la dimensión de la crisis y aumentar los costos sociales, económicos e institucionales para resolverlo. Que no sea tarde, como en alguno de nuestros países vecinos. Las drogas no están de tránsito en Argentina, han venido con sus organizaciones y quieren quedarse, corrompiendo el tejido social, al Estado y a sus instituciones, necesitamos que nuestra dirigencia política deje de pensar en las próximas elecciones y piense en nuestras próximas generaciones ya que detrás de estos fríos números hay familias de carne y hueso que están padeciendo las consecuencias, ya sea con tragedias personales o afectados por conductas delictivas de terceros. 
En nuestro contexto nacional hay cifras alarmantes, con la corrupción y penetración en las policías, la Justicia y la política, Hoy Rosario se superarán los 280 homicidios intencionales, cifra que ubica a esa ciudad en una tasa de homicidios superior a Medellín o San Pablo (casi 28 homicidios endémicos cada 100.000 habitantes) o Mar del plata que tiene más de 150 homicidios intencionales (casi 14 homicidios endémicos cada 100.000 habitantes), una tasa duplica la de la Pcia. De Buenos Aires, que se compara con la de Rio de Janeiro, Bogotá y el Distrito Federal de México, como bien se sabe son la cuna del crimen organizado y el narcotráfico en América latina.
Es hora de reaccionar con decisión e inteligencia ante la impunidad y la convivencia con la que se mueven estas mafias del crimen organizado en el país. No podemos esperar la posible decisión de un Gobierno para ver si se aborda en profundidad esta amenaza que atenta directamente contra las raíces del mismo Estado. Los narcos ya vinieron por nuestras instituciones y, lo que es más grave, por nosotros y nuestros hijos. 
Notas por ej.:
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